CARTA ABIERTA A MARIANA BREY
Estimada Mariana:
Soy un ciudadano de pensamiento libre, pero nacionalista, simpatizo y mucho con el Peronismo y el Kirchnerismo, o sea soy populista.
Veo y escucho casi todos los programas periodísticos, los oficialistas y los que no lo son y como tengo 71 años (casi 72) y he visto y vivido con uso de razón desde hace sesenta años, creo tener la suficiente información (por haberla vivido) sobre lo acontecido en estos últimos sesenta años.
Seguramente mientras yo vivía el cordobazo de 1969 tú, en formato espermatozoide, aún saltabas en el aparato reproductor de tu padre ya que naciste el 26 de abril de 1978, cuando la democracia estaba en estado de sitio con el golpe de estado del 76.
Quienes vivimos el cordobazo (yo tenía 16 años) pudimos ser partícipes de una gesta gloriosa que logró sacar del poder al Gral. Onganía y perfilar el regreso de la democracia reorganizando los partidos políticos años más tarde.
Eso conllevó la muerte y desaparición de más de treinta mil argentinos, católicos, judíos, protestantes, evangélicos etc. con o sin afiliación políticia.
¿Para que todo este preámbulo?
Para decirte que me das pena, seguramente estudiaste algo, aunque no sale en tu biografía si tienes un título universitario (requisito no excluyente) para ser panelista en programas de tv.
Pena porque te suicidas a cada momento que te escucho cada vez que abres la boca defendiendo a un miserable como Milei, pero no porque lo hagas en si, sino por la obsecuencia tan bruta, tan marginal, tan apocalíptica y tus argumentos tan de gorila, tan clasista y discriminadora, aunque lo niegues.
Creo que se puede ser leal a una persona, a un partido político, a un credo, pero ¿inmolarse por el sólo hecho de defender lo indefendible?
En realidad ese es tu problema, pero quienes se comportan como vos o la horda de periodistas ensobrados de verdad como dice tu amado Milei, serán los que carguen el féretro de ese imbécil ni bien lo sepulten; seguramente encontrarán un sustituto a quien lamerlo y acariciarlo, porque parece ser que es una constante en gente que se comporta como vos.
No creo que te paguen para ser oficialista, creo que lo sientes en tus vísceras, se nota cuando las venas de tu cuello se inflaman cuando interrumpes a tus colegas anteponiendo tu voz a la de ellos.
Para finalizar, porque en realidad no eres tan importante, quisiera advertirte (sólo por experiencia propia) que quien ríe último, ríe mejor.
Un abrazo y que siga tu éxito.

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