Cayó el consumo financiado con tarjeta de crédito y préstamos personales en marzo
La dinámica del crédito al consumo en Argentina volvió a caer en marzo, en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo, el endurecimiento de las condiciones financieras y una creciente cautela tanto de bancos como de consumidores. Los últimos datos del sistema muestran una caída del financiamiento en términos reales, especialmente en tarjetas de crédito y préstamos personales.
Esto refleja una merma en dos herramientas centrales para sostener el gasto cotidiano de los hogares.
Según publicó Infobae, del lado de las entidades financieras, se observa una mayor prudencia ante el aumento de la morosidad y la incertidumbre macroeconómica. Del lado de los consumidores, la caída del ingreso real, el encarecimiento de tarifas de servicios públicos y la falta de previsibilidad sobre los ingresos futuros desalientan la toma de nuevas deudas.
Este deterioro del crédito no puede analizarse de forma aislada. Se inserta en un contexto de fragilidad creciente en las finanzas de los hogares. Distintos informes señalados por el mismo medio alertan que más de la mitad de las familias recurre al endeudamiento para cubrir gastos básicos como alimentos y servicios, mientras que nueve de cada diez hogares endeudados enfrentan dificultades para cumplir con sus obligaciones .
La morosidad es un factor clave en la dificultad de seguir financiando consumo
A su vez, la morosidad en los créditos al consumo viene en aumento y ya impacta en la rentabilidad del sistema financiero. Los bancos, especialmente los privados orientados al crédito minorista, registraron una fuerte caída en sus indicadores de rentabilidad debido al incremento de préstamos en situación irregular .
En paralelo, el contexto macroeconómico sigue condicionando la recuperación del consumo. Si bien la inflación anual mostró una desaceleración respecto de los picos de años anteriores, los incrementos mensuales y la suba de costos regulados continúan erosionando el ingreso disponible. Esto se traduce en una menor capacidad de pago y en un aumento de los niveles de mora, que ya superan el 10% en algunos segmentos.
La recuperación del consumo dependerá, en gran medida, de una mejora sostenida en los ingresos reales y de una estabilización de las expectativas. Mientras tanto, los datos de marzo confirman que el consumo financiado atraviesa una etapa de marcada debilidad.




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