6 de cada 10 chicos de 8 años tienen su propio teléfono en las aulas

 En Argentina, la infancia está atravesada por la pantalla mucho antes de lo que se cree. Según el informe “Celulares: ¿prohibir o no prohibir?”, de Argentinos por la Educación, el 59% de los alumnos de 3er grado de primaria ya tiene un celular propio.


En provincias como Santa Fe, donde ya rigen limitaciones para el uso de estos dispositivos en las escuelas primarias, el debate se traslada ahora a la efectividad de estas medidas y al rol de los adultos.

Para muchos especialistas, el problema no es solo escolar, sino cultural. Lucía Fainboim, especialista en bienestar digital, alerta sobre cómo se ha naturalizado que un niño de ocho años posea un dispositivo personal, algo que responde más a lógicas de mercado que a las necesidades de una infancia saludable, como el juego y el aburrimiento.

 A nivel nacional, la brecha de acceso es mínima: si se suma a quienes usan el teléfono de sus padres, apenas el 18% de los chicos de 8 años está "desconectado" del mundo móvil. En la secundaria, esa cifra es casi inexistente, con un 90% de tenencia propia.


Santa Fe es una de las 11 jurisdicciones que ha tomado la decisión de implementar limitaciones amplias en los niveles inicial y primario. Sin embargo, la evidencia internacional analizada en el informe arroja resultados mixtos:

  • Lo que funciona: Las restricciones logran reducir las distracciones y el tiempo de uso en clase.
  • La duda: No hay pruebas concluyentes de que prohibir los celulares mejore automáticamente el rendimiento académico.
  • El clima escolar: Aunque en algunos casos baja el bullying, en otros no se detectan cambios significativos en la convivencia.

¿Prohibir o educar?

La investigadora del CONICET Andrea Goldín es crítica respecto a las medidas estrictas: sostiene que prohibir puede ser equivalente a "barrer el problema bajo la alfombra" y que la prohibición no necesariamente cambia los hábitos de los chicos fuera del aula.

"Es una oportunidad para aprender a usar las tecnologías con objetivos pedagógicos claros, no que ellas nos usen a nosotros", afirma.

En la misma línea, Melina Masnatta propone que el sistema educativo debe dejar de discutir el "sí o no" para enfocarse en la mediación pedagógica. Para la experta, si la pantalla es hoy la "puerta al mundo", el desafío es cómo los docentes y las familias acompañan ese acceso para mejorar el aprendizaje y la convivencia.

Por su parte, el sociólogo Alejandro Artopoulos analiza que estas prohibiciones son una reacción a una "epidemia de salud mental" y una falta de normas en las comunidades, sugiriendo que se requieren estrategias de salud pública más que soluciones puramente restrictivas.

 

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